GEOPOLÍTICA EN EL PERÚ

El Perú abarca un territorio de 1'285,215 Km2 de superficie. Tiene además soberanía y jurisdicción sobre una franja de 200 millas, 370Km2. del Mar Pacífico Peruano.

El territorio antártico peruano está comprendido entre los meridianos 84° y 90° longitud oeste y hasta el Polo Sur, a los 90° Latitud Sur. Por su extensión, el Perú ocupa el tercer lugar de América del Sur después de Brasil y Argentina
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Asuntos pendientes que deben resolverse

Editorial El Comercio. 15 de Abril 2007 Nuestra cancillería, junto con la chilena, no pueden dejar de abordar estos asuntos pendientes para solucionarlos civilizadamente dentro de plazos preestablecidos


Ha sido muy oportuna la acción de la cancillería peruana de enviar a la ONU la Ley de Líneas de Bases de Dominio Marítimo, saliéndole así al frente a las pretensiones chilenas de apropiarse indebidamente de territorio que, sin lugar a dudas, le pertenece al Perú.

No solo intenta apropiarse de un área de terreno equivalente a cuatro manzanas a orillas del mar, sino también, siguiendo la línea del paralelo, proyectarla 200 millas mar adentro, con lo cual el área se incrementa exponencialmente. En el documento presentado a la ONU se precisa que la frontera con Chile es el Punto de la Concordia y no el Hito 1 como pretende nuestro vecino del sur. Para ello han venido creando confusión al mezclar dos asuntos que corren por vertientes separadas: la frontera terrestre y la marítima.

LA FRONTERA TERRESTRE

El límite terrestre está perfectamente delimitado por el Tratado de Lima de 1929, el Protocolo Complementario y las actas de la respectiva comisión bilateral demarcatoria de 1930. Hay incluso croquis y mapas firmados por el jefe de la delegación chilena, Enrique Brieba, que no admiten cuestionamiento ni discusión (ver mapa 1).

Sin embargo, Chile pretende establecer que el límite no empieza en la orilla del mar y desconocer lo que firmó en las actas de la comisión demarcatoria con referencia al Punto de la Concordia: "Este punto de intersección del arco trazado con la orilla del mar será el inicial de la línea divisoria entre Perú y Chile" (El subrayado es nuestro). Y claro, si ambos países llegan al mar, el límite tiene que empezar en su orilla. Pretender soslayarlo es contrario a toda lógica y no podría tener otro sentido que el de aprovecharse de la situación.

¿Cómo surge entonces el embrollo?

Primero: En el año 2000 la Marina chilena --que ha sido aparentemente la responsable de ir atizando el problema-- sostuvo que el límite no está en la orilla del mar sino en el Hito 1 --denominado confusamente Orilla del Mar-- que se ubicó 264 metros tierra adentro (pues se pensaba que de estar en la orilla se habría ido destruyendo con las olas).

Segundo: Como el límite pactado no es una línea recta a partir de la orilla sino un arco cuyo vértice está a 10 kilómetros, en el puente del río Lluta, la línea curva que nace del mar sube ligeramente hacia el norte. (Ver mapa 2).

Se colige entonces que si, según Chile, la frontera se origina no en la orilla sino en el Hito 1 y desde este punto se traza una línea hacia el mar, siguiendo el paralelo geográfico, Chile terminaría apropiándose de 37.610 metros cuadrados (ver zona rayada en mapa 3), unas cuatro manzanas urbanas.

Buscando consolidar su infundada pretensión, la Marina chilena levantó en el 2001 una caseta de vigilancia en ese triángulo que, como resulta evidente, es territorio peruano. La justa y rápida reacción peruana obligó a la Marina chilena a desmantelarla.

Tercero: En el año 2000 la Marina chilena publica un mapa que, sustentado en su Ley de Línea de Bases Marítimas, señala la frontera marítima chilena mediante una línea horizontal dibujada sobre el mar. ¿Y dónde empieza la línea? ¡Por supuesto! Lo hace arbitrariamente en el Hito 1 y no en el que señala el tratado: el Punto de la Concordia en la orilla del mar. Es decir, pretende apropiarse no solo de las cuatro manzanas de territorio peruano, sino también del dominio marítimo proyectado desde el paralelo que empieza en el Hito 1.

Cuarto: En enero del 2001 se publica en el diario "El Peruano" la Ley 27415, dirigida a crear un nuevo distrito y señalar los territorios de la provincia de Tacna. Por un error se consignó el punto de la frontera con Chile que se inicia en el Océano Pacífico como el Hito 1. Este error fue corregido por la Ley de Líneas de Bases de Dominio Marítimo del 2005.

Pretender endilgarle a este error la facultad de cambiar los límites del Perú, como algunos medios chilenos han intentado, tampoco tiene sentido. La frontera está fijada por el Tratado de 1929 y punto. En todo caso, rige aquí el principio legal de que el error, si lo hubiere, no es fuente de derecho.

Es más, un fallo del propio Tribunal Constitucional chileno observó el proyecto de ley que creaba la región Arica-Parinacota, evitando así que el Hito 1 quedara consagrado como el inicio del límite fronterizo.

El hecho es que hoy estas cuatro manzanas son pretendidas por Chile.

EL LÍMITE MARÍTIMO

A diferencia del terrestre, el límite marítimo constituye un diferendo sobre el que El Comercio editorializó detalladamente el 3 de noviembre del 2005. En él argumentábamos que la línea limítrofe marítima debe ser equidistante para ambos países, posición que propugna la Convención del Mar. (Ver mapa 4).

Para entender el tema recordemos que la frontera Perú-Chile está en el punto en que la costa del continente cambia de orientación. De venir bajando oblicuamente hacia la derecha (sur-este, ver mapa 4), al llegar a Chile pasa a orientarse hacia el sur.

¿Qué resulta de esto? Si proyectamos la territorialidad marítima de cada país, la línea que traza Chile se orienta directamente hacia el oeste mientras que la del Perú va hacia el sur oeste. Es decir se superponen. (Ver mapa 4). Como consecuencia, puertos peruanos próximos a la frontera terminan, como Sama e Ilo, teniendo la zona de mar controlada por Chile a solo 20 y 40 millas respectivamente (ver mapa 5). Por todo ello, como señala precedentemente la doctrina del derecho del mar --y también la razón-- el límite debiese ser el punto intermedio o equidistante. (Ver mapas 4 y 5).

El hecho es que en el Tratado de 1929 no hay mención a cómo se proyectará esta línea. En 1954 y en 1969 el Perú firmó con Chile unos convenios en los que se le otorga a ese país el derecho de pescar en la zona. Chile asume que esos convenios le confieren la territorialidad, pero en sentido estricto no existe un tratado de límites marítimos.

Por su parte, el Perú sustenta, con toda razón, que arreglos provisionales de carácter pesquero, para facilitar la orientación de embarcaciones de escasos recursos náuticos y sin categoría de tratado de límites, no pueden pretender definir los límites fronterizos entre dos países.

Sin embargo, si una embarcación pesquera zarpa de Sama y avanza hacia el oeste más de 20 millas entra a espacio irregularmente controlado por Chile y la embarcación es capturada (ver mapa 5).

¿Por qué firmó el Perú esos convenios? Para muchos habría habido falta de perspectiva. Y la historia parece confirmarlo. Sin embargo, debe tomarse en cuenta el contexto de la época: la prioridad en aquel momento era impulsar y consagrar internacionalmente la nueva doctrina de las 200 millas, enarbolada conjuntamente por Perú, Chile y Ecuador, principalmente para enfrentar la depredación del mar por las grandes flotas pesqueras internacionales. Posteriormente, los problemas demarcatorios con Ecuador y los temas pendientes de cumplimiento del Tratado de 1929 con Chile (El Chinchorro, muelle de Arica, etc., recién resueltos en 1999) habrían hecho que el Estado Peruano tuviese otras prioridades en el tema limítrofe.

Sin embargo, ya en 1986 el Ministerio de Relaciones Exteriores cursó una nota a la cancillería chilena para señalar la improcedencia de la línea marítima basada en el paralelo.

¿Qué hacer frente a la situación?


Primero: No radicalizar el tema ni exacerbarlo apasionadamente. Por el contrario, dejar que la cancillería peruana trate estas delicadas negociaciones a través de los canales adecuados. Ya ha dado un importante paso con la presentación ante la ONU de la Ley de Líneas de Bases de Dominio Marítimo. Con ello ha puesto en el debido contexto algunos documentos adoptados por el Perú en décadas pasadas y que han llevado a confusión.

Segundo: Condenar, a ambos lados de la frontera, el aprovechamiento irresponsable, especialmente de algunos políticos, que actúan sin importarles el grave perjuicio que pueden causarle al país.

Tercero: Proceder a formalizar la adhesión del Perú a la Convención del Mar, marco legal que regula el derecho del mar en el mundo de hoy y que permitiría, entre otras ventajas, una sustentación más sólida de la posición peruana con respecto de la línea marítima equidistante.

Cuarto: Exhortar al Gobierno a continuar con las acciones necesarias para zanjar el tema del Punto de la Concordia, así como el diferendo marítimo, para lo cual debe aplicar una estrategia firme y coherente que, dentro de los plazos necesarios y sin interrupciones, lleve ambos asuntos a un feliz término.

En cuanto a la frontera terrestre, el tema es muy claro: Chile no puede dejar de respetar lo que firmó. Hacer lo contrario sería desconocer el Tratado de 1929 y abrir entonces una caja de Pandora, que sabe Dios qué más contrariedades podrían traer para todos. No es pues un tema que se deba "encapsular"; todo lo contrario, debe solucionarse antes de que continúe entrampando más la relación entre nuestros países.

Quinto: En cuanto al diferendo marítimo, al no existir un tratado de límites específico en vigor, se debe encontrar una solución basada en la equidad y el mutuo deseo de arreglar las cosas.

Para tan deseado desenlace, Chile, y especialmente su Marina, deberán dejar de lado la obstinada posición de que no hay asuntos pendientes entre los dos países. ¿Es que no existe un área de cuatro manzanas en la costa reclamada por Chile y que pertenece indiscutiblemente al Perú? ¿Es que no existe acaso un diferendo marítimo que mantiene en tensión la relación entre ambos países?

Nuestra cancillería, junto con la chilena, no pueden dejar de abordar estos asuntos pendientes para solucionarlos civilizadamente dentro de plazos preestablecidos. Empecemos por recordar que el Tratado de 1929 es de amistad y decidamos conversar bajo ese espíritu. Luego se podrá analizar la posibilidad de ir en busca de árbitros o cortes internacionales.

Nuestro vecino del sur debe entender que hay mucho en juego. Se abre para ambos un futuro promisorio dentro de la economía mundial. Y cuanto más unidos estemos mejor nos irá. ¿Podemos enfrentarlo con este lastre que perturba nuestras relaciones? ¿No son acaso los sectores radicales y beligerantes de ambos países los que más se benefician con los continuos embrollos, dificultando su solución?

No pudiéndose negar a lo evidente, le corresponde ahora a Chile, que fue el gran beneficiado con la Guerra del Pacífico, asumir de manera responsable el cierre definitivo de estos asuntos pendientes. Así, superados estos, podremos mirar en conjunto hacia delante.

En busca de una solución

Alejandro Deustua

El Perú ha planteado a Chile un reclamo territorial y mantiene con ese Estado una controversia marítima. Esta situación reconocida por ambas partes, al tiempo que los estados llevan adelante agendas complejas y sus ciudadanos establecen relaciones de mutuos y disímiles beneficios. Frente a esa realidad, la responsabilidad de gobiernos sensatos consiste en buscar efectiva solución de las diferencias, mientras fomentan una más intensa y mejor interdependencia. Si ello es cierto, lo que no debe hacerse es plantear debates mediáticos innecesarios luego de que los estados y los instrumentos de opinión han estableado sus respectivas posiciones. En lugar de ello, la prensa podría promover un marco para la solución pacífica de los diferendos estatales, al tiempo de prevenir desbordes que inhiban una próspera y estable relación entre ciudadanos de ambas partes. A ello no conducen posiciones de atrincheramiento que hoy pueden observarse en muy importantes diarios chilenos. Y menos cuando sus cuestionables afirmaciones se presentan de manera axiomática y desprovista de contexto histórico.

Sobre el particular no vamos a insistir, salvo para indicar que el Perú no puede, por imposición ajena o por conflicto de interpretaciones jurídicas, perder más territorio con nuestro vecino luego de la debacle siglo XIX. La estabilidad el equilibrio en el Pacífico sur sudamericano no admiten semejante situación. Y tampoco ingresaremos a una polémica periodística recogiendo argumentos ajenos cuestionados por el Estado Peruano. Sobre el particular, solo recordaremos que el Hito 1, a diferencia del punto Concordia, no es el punto de inicio de la frontera con Chile de acuerdo a los estableados por el Tratado de 1929 y la Comisión Mixta de 1930. Reiteraremos que el Decreto Supremo de 1947 no establece límites marítimos sino un planteamiento de soberanía y jurisdicción sobre los recursos marinos hasta las 200 millas. Insistiremos en que la Declaración de Santiago de 1952 es un tratado, pero no uno de límites. Argumentaremos que el acuerdo sobre zona especial pesquera de 1954, siendo funcional, sectorial y temporal, no puede ser un tratado de delimitación territorial. Y ratificaremos que el objetivo de los actos e intercambios de notas de 1968 y 1969 consistió en establecer referencias físicas (faros) para ser vistas solo desde el mar. Recordaremos que el Perú inició multilateralmente el redamo marítimo durante la Tercera Conferencia sobre el Derecho del Mar (1980) y que, en el ámbito bilateral, el redamo se planteó en 1986. Como a todos consta, la controversia quedó formalizada en el 2004 mediante intercambio de notas entre los cancilleres del Perú y Chile, mientras que la Ley de Bases del 2005 fijó el punto que el Perú en- tiende como legítimo para establecer, luego, el límite marítimo externo. Esa norma quedado registrada ahora en la ONU. Ello muestra que no hay aceptación peruana del paralelo como límite, que la costumbre no lo ha estableado así y que el Perú no reconoce el error o el absurdo jurídico como fuente de derecho. En lugar de vemos en la necesidad de listar nuevamente estos argumentos por insistencia mediática ajena, quizás los instrumentos de opinión pública del vecino pudieran contribuir a establecer un marco de referencia para la solución de la controversia. Este podría abarcar los ámbitos de seguridad (desminado de la zona, neutralización militar del área y cooperación extrarregional) ,económico (fomento de la integración fronteriza y promoción equitativa de los intercambios con importante participación local), políticos (establecimientos de instancias de periódicas consultas presidenciales además del 2+2) y sociales (la promoción de intereses conjuntos con participación boliviana para crear un dima que permita, luego, la solución del problema de la mediterraneidad de ese país. Si pe- ruanos y chilenos queremos una agenda de futuro, avancemos también solucionando determinantes problemas del pasado.

Nuestra Verdadera Frontera Marítima y Terrestre

Jorge Brousset (Vicealmirante AP-r)

Resulta inaudito la forma c ómo se pretende consolidar una grave confusión entre las: fronteras terrestres fijada en 1929 y la endiente frontera marítima, la cual sustenta básicamente en un acuerdo provisional de carácter pesquero de 1954.

Como se ha demostrado objetivamente en el editorial de El ; Comercio del 15 de abril, el punto ; donde la frontera terrestre de ambos países llega al mar, es el punto Concordia, expresamente fijado por el Tratado del 929,y no el Hito 1, punto referencial situado muy cerca de la línea fronteriza. ; Pretender que las actas de las comisiones mixtas de 1968 y 1969, Inmediatamente las cuales se instalaron ¡señales náuticas para facilitar la navegación de pequeñas embarcaciones con escasos recursos de ¡náutica, modificaron o, como se 'quiere confundir, confirmaron que el Hito 1 es el punto de inicio en el mar de la frontera terrestre, es realmente un despropósito jurídico. Los firmantes de tales actas jamás tuvieron el encargo de; modificar la línea de frontera, solamente confirmaron la posición geográfica del Hito 1, a partir del cual se proyectó una línea imaginaria que miraba hacia el mar ;en la dirección del paralelo geográfico. Resulta, pues, muy ingenuo plantear que estas acciones 'i pudieron modificar la línea de la frontera terrestre. De otro lado, las fronteras marítimas no han sido legalmente fijadas. Podemos afirmar que se tienen acuerdos provisionales de carácter práctico vigentes a la fecha, acordados durante la evolución de la tesis de las 200 millas, los mismos que, según el derecho internacional, no deben prejuzgar el acuerdo definitivo para los diferentes espacios marítimos que comprenden las 200 millas: mar territorial, zona económica exclusiva y plataforma continental, tal como Chile ha establecido en su derecho interno, en cumplimiento a sus compromisos internacionales.

Es importante aclarar que la Declaración de Santiago de 1952 fue un acuerdo sobre la política internacional para la defensa de la zona marítima, en la cual los países firmantes se reconocen mutuamente un espacio mínimo de 200 millas frente a sus costas.

Al mismo tiempo, se acordó una norma de excepción, basada en el criterio del paralelo geográfico, para el caso de islas continentales, situación geográfica que solo se presenta entre el Perú y Ecuador. El Convenio de 1954 crea una zona de tolerancia pesquera de 20 millas de ancho a partir de las 12 millas, con la finalidad de evitar incidentes con las embarcaciones de poco porte con escasos recursos de náutica. No especifica hasta dónde se extiende y tampoco se refiere al suelo y subsuelo marino (plataforma continental). El Perú recién ha dado inicio a la delimitación de sus espacios marítimos con la de la Ley de Líneas de Base en el 2005, la cual determina puntos de referencia ubicados dentro de su propio territorio y que mantiene dos puntos de contacto con los países vecinos: la Boca de Capones con el Ecuador, y el punto Concordia con Chile. Al mismo tiempo establece, de acuerdo con el derecho internacional, la forma como deberá fijarse el "límite exterior" con el alta mar. Finalmente, afirmarían categóricamente que el Perú pretende cambiar el vigente límite terrestre establecido en 1929, es una interesada interpretación que no se ajusta a derecho entre las dos naciones vecinas, recordamos que, según el artículo 12 del Tratado de 1929, el presidente de Estados Unidos se comprometió a vigilar el fiel cumplimiento de la demarcación, vigente desde 1930.